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martes, 7 de febrero de 2012

Freddie Bartholomew

ESTRELLA INFANTIL__________________________
Llegado a Hollywood desde su Londres natal, Freddie Bartholomew ha pasado a la historia como una de las estrellas infantiles más famosas del cine de los años treinta y cuarenta. Cuatro papeles sirven como referencias esenciales para explicar su popularidad. Para empezar, fue David Copperfield, el niño maltratado de la novela de Charles Dickens, en la versión norteamericana dirigida por Geor-ge Cukor, en 1935, donde tuvo como compañeros de reparto a pesos pesados como Lionel Barrymore, Elsa Lanchester, Una O'Connor, Basil Rathbone, Maureen O'Sullivan y sobre todo a W. C. Fields, que interpretaba el papel de míster Micawber (un papel para el que había sido inicialmente elegido Charles Laughton, que se retiró del mismo pretextando que le resultaba incómodo aparecer en pantalla como un explotador del niño protagonista). Producida por MGM, fue la primera interpretación del jovencísimo actor en el cine norteamericano, su presentación en Hollywood. Consiguió el papel en contra del criterio del jefazo del estudio de producción, Louis B. Mayer, quien estaba empeñado en que la mejor elección para interpretar al joven antihéroe de la muy británica novela de Dickens era una estrella infantil norteamericana, Jackie Cooper, muy popular entre el público de aquel país. Consiguieron quitarle la idea de la cabeza, sobre todo porque Cooper habría sido más una variante de Tom Sawyer cruzado con Huckleberry Finn que el torturado crío de la novela de Dickens.
Bartholomew tenía solo diez años cuando le soltaron entre todas estas polémicas decisiones en un entorno de trabajo donde tuvo que medirse con algunos de los actores de más talento que en aquel momento prestaban sus servicios en Hollywood. A pesar de todo, consiguió hacerse con el papel y se metió al público en el bolsillo, hasta el punto de que a partir de ese momento consiguió nuevos papeles protagonistas en una industria donde ciertamente no le faltaban competidores, como David Holt, que protagonizaría en 1938 una adaptación de Las aventuras de Tom Sawyer, el propio Cooper y algún que otro joven aspirante a estrella. Frente a todos ellos, la ventaja de Bartholomew consistía en ser el único astro infantil británico de Hollywood.
Tras vivir la experiencia de ejercer como hijo de una de las principales divas del Hollywood dorado, Greta Garbo, en la ficción de Ana Karenina, Bartholomew protagonizó El pequeño lord, adaptación de la obra de Francés Hodgson Burnett dirigida por John Cromwell, donde tuvo como compañero a Mickey Roo-ney, estrella juvenil del momento.
Su trío de antihéroes infantiles británicos lo completó con el trabajo con otro destacado astro del cine americano de los años treinta, Spencer Tracy (que recibió un Oscar como Mejor Actor por este papel, aunque inicialmente no estaba convencido de interpretarlo, porque consideraba que era secundario), en Capitanes intrépidos, donde fue el Pescadito, un joven niño pijo obligado a sobrevivir en un barco de pescadores. Adaptación de una novela de Rudyard Kipling dirigida por Víctor Fleming, fue una de las películas de mayor éxito en la carrera del joven actor, que al año siguiente empalmaría con otro papel similar, en esta ocasión salido de la pluma de Robert Louis Stevenson, en Secuestrado, donde interpretó el papel de David Balfour. Esta fue la despedida de sus personajes más destacados en la etapa como actor infantil, una película difícil que se convirtió en pesadilla para el estudio que la producía, después de despedir al director originalmente contratado para hacerse cargo de la misma, Otto Preminger, y sustituirlo por el artesanal realizador de encargos Alfred L. Werker.
La única película típica de estrella infantil que se le escapó entre los dedos en aquella época feliz de su existencia fue El príncipe y el mendigo, adaptación de la novela de Mark Twain que dirigió William Keighley en 1938 y finalmente interpretaron los gemelos Billy y Robert Mauch.
Tras estos trabajos, Bartholomew no tuvo fácil el paso de la fase de astro infantil a juvenil, si bien la exhibición televisiva de Capitanes intrépidos, la primera película producida por MGM que se emitió en la pequeña pantalla, consiguió volver a ponerle de actualidad y le aportó una segunda popularidad en Estados Unidos entre una nueva generación de espectadores, que pudieron descubrir así a uno de los mejores actores infantiles de la era dorada de Hollywood, superior a muchos de sus compañeros de oficio de igual edad por la madurez que imprimía a sus papeles, consiguiendo que los espectadores empatizaran con la misma fuerza que con los personajes adultos. Después de la Segunda Guerra Mundial, Freddie empezó a trabajar para la televisión, no solo como actor, sino derivando hacia otro tipo de ocupaciones en la pequeña pantalla, como presentador, director, productor y productor ejecutivo. Finalmente se retiraría de la profesión en 1980 cuando se le diagnosticó un enfisema.
En su etapa como niño estrella había llegado a cobrar, en fechas próximas al rodaje de Capitanes intrépidos, una suma de 2.500 dólares por semana, lo que le llevaba a reunir un total de casi 100.000 dólares por año, situándole el segundo en lo referido a emolumentos de estrellas infantiles de Hollywood, superado solo por la incombustible Shirley Temple.
Ese dinero fue lo que llevó a Bartholomew a protagonizar un curioso culebrón judicial que tuvo consecuencias en el resto de sus compañeros de trabajo infantiles que llegaron más tarde. Bartholomew llevó a sus padres a los tribunales en varias ocasiones, reclamando el dinero que había ganado ejerciendo como estrella infantil. El asunto propició que se llegara a sentar jurisprudencia sobre este tipo de emolumentos y la percepción de los mismos entre padres e hijos.
Nacido en Londres, aunque algunas fuentes, como el obituario publicado por el periódico The New York Times en el momento de su muerte afirman que vino al mundo en Dublín, Irlanda, Bartholomew había ganado importantes sumas de dinero que fueron administradas por sus padres, quienes tenían también otras dos hijas, y según parece en la administración de los asuntos del jovencísimo astro participaba también una de sus tías, hermana de su padre, Myllicent Mary Bartholomew, a la que él llamaba Cissie, que le habría criado. Sus biógrafos tampoco se ponen de acuerdo respecto a su nombre de pila, afirmando algunos que es el reseñado al principio de esta ficha, que he elegido por ser el que me parece más fiable, o la alternativa, que es Frederick Llevelyn March. El padre del actor prestó servicio en la Primera Guerra Mundial como parte del cuerpo expedicionario canadiense. Las dos hermanas de Freddie eran Hilda, dos años más joven que él, y Eileen, que era dos años mayor. Ellas vivían con sus padres, Cecil y Lillyan Mae. Al parecer los limitados recursos de la familia pudieron influir en esa decisión de dejar al hijo bajo la protección de su tía paterna. Pero cuando el niño alcanzó el éxito, Ios padres cobraron un especial interés por hacerse cargo de sus asuntos y finanzas.
El niño empezó a dar muestras de talento interpretativo al cumplir los cuatro años, cuando participó en un número musical en una función teatral de la iglesia a la que acudía. Los buenos resultados del trabajo del niño llevaron a su tía a ponerlo en manos de Italia Conti, especialista en formar a actores infantiles que contaba entre sus alumnos de mayor renombre a Noel Coward y Gertrude Lawrence. A los siete años Freddie estaba ya interpretando obras de Shakespeare en festivales y actos benéficos. Además, en 1930 arrancó su carrera cinematográfica apareciendo en varias películas británicas.
Llegaría después su paso al otro lado del Atlántico, donde el productor David 0. Selznick y el director George Cukor le eligieron para ser su David Copperfield cinematográfico, tras haber descartado a otros seis aspirantes seleccionados entre 300 niños que se presentaron a las pruebas para el papel. Sin embargo, tras convencer a George Cukor, director de la película, Freddie tuvo que sortear un último y peliagudo obstáculo: las leyes sobre el trabajo infantil, que le impedían salir de Inglaterra para irse a trabajar a Hollywood. Su tía arregló el tema vendiendo el viaje a la capital del cine norteamericano como unas vacaciones, pero la situación se complicó cuando el padre de Freddie declaró a la prensa británica que su hijo había firmado contrato con la productora norteamericana para rodar la película, lo que iba en contra de las leyes británicas de trabajo infantil, lo que podía provocar retrasos en el rodaje a un coste de mil dólares por día que el estudio no estaba dispuesto a afrontar, mientras esperaban que las autoridades británicas se pronunciaran al respecto. Además, los padres del niño calentaron el ambiente acusando a su tía de haberlo "secuestrado" para llevárselo a trabajar a Estados Unidos. De ese modo la biografía del actor quedó marcada desde el principio de su carrera americana por la pugna entre sus padres y su tía por controlar su peripecia existencial y las ganancias derivadas de su talento.
Freddie Bartholomew tuvo dos hijos con su esposa, Aileen Paul. La primera fue una niña, Kathleen Myllicent Bartholomew, a la que bautizó con el nombre de esa tía que en definitiva había sido como su madre. La criatura nació en marzo de 1956. El segundo, fruto de ese mismo matrimonio, fue un niño, Frederick R. Bartholomew, nacido en 1958. Previamente el actor se había casado con Maeliy Daniele, que fue su esposa entre 1946 y 1953. Tras divorciarse de la madre de sus hijos en 1977 contrajo matrimonio por tercera vez, una unión conyugal que se mantuvo hasta su muerte.

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lunes, 2 de enero de 2012

Ida Lupino


UNA INGLESA EN LA CORTE DEL REY DÓLAR
Nacida en el Reino Unido, Ida Lupino fue singular en distintos aspectos. Para empezar, fue una de las más bellas aportaciones británicas al elenco de estrellas del Hollywood clásico, no tan famosa ante las cámaras como algunas de sus colegas, pero sin embargo capaz de desarrollar, y ahí llega su segunda singularidad, toda una carrera detrás de las cámaras como directora, no solo de algunas de las películas en las que intervino como actriz, sino también de otros títulos muy interesantes del cine negro, como El autoestopista o de una cuantiosa producción de capítulos de series de televisión como Climax 77, Hong Kong, Alfred Hitchcock presenta, El pistolero de San Francisco, El hombre del rifle, Los intocables, El fugitivo, Doctor Kil-dare, Dimensión desconocida, Embrujada, Los bribones, Mr. Novak, Una rubia explosiva, La isla de Gilligan, El virginiano, Daniel Boone o El fantasma y la señora Muir. De hecho, en un momento de su carrera enfocó casi todo su interés hacia la dirección de series de televisión, medio en el que le daban más facilidades para hacerse cargo de ese trabajo que en el cine, donde no obstante había logrado construir una carrera interesante como directora independiente abordando varios géneros, a veces haciendo doblete delante y detrás de las cámaras.
Esa carrera poco habitual en las féminas que ejercieron como estrellas del cine negro, cosa que ella fue sin duda, principalmente merced a su papel en uno de los principales títulos de dicha área, El último refugio, que lanzó definitivamente al estréllalo a su colega Humphrey Bogart, llevó a Lupino a recibir en 1943 el premio de la asociación de críticos de Nueva York en la categoría de mejor actriz por su trabajo en The Hard Way, siendo además nominada al Emmy en tres de sus trabajos para televisión, aunque como actriz el premio más destacado que recibió fue posiblemente el que le otorgó la Academia de Cine de Ciencia Ficción, Terror y Fantasía por su trabajo en el largometraje La lluvia del diablo, ya en 1975. Un reconocimiento parco y algo tardío para el talento que había mostrado a ambos lados de las cámaras, que desde luego deja sin reconocer su papel como pionera de un papel más protagonice de la mujer en el cine y la televisión norteamericanas.
HIJA DE LA FARÁNDULA LONDINENSE__________
Dotada de una notable elegancia tanto en su faceta como actriz como en su forma de narrar historias desde la dirección, Lupino vino al mundo en el seno de una familia del mundo del espectáculo. Era hija de actores. Su padre era un famoso actor de vodevil, Stanley Lupino, y su madre era reconocida como la bailarina más rápida de tap dancing, Connie Emerald. Así que puede decirse que llevaba el teatro en las venas, pero sería en el cine donde pudo desarrollar su faceta más emprendedora constituyéndose en todo un ejemplo para las mujeres que aspiraban a algo más en Hollywood que simplemente elementos decorativos a la sombra de sus colegas masculinos.
A los diez años ya estaba subiéndose a los escenarios, aunque no empezó a formarse seriamente como actriz hasta que contando trece años comenzó a asistir a la Royal Academy of Dramatic Art de Londres.
En 1935 encaminó sus pasos hacia Hollywood, donde, siempre amigos de etiquetarlo todo con la mayor brevedad posible para hacerle las cosas insultantemente más sencillas al espectador, dieron en presentarla como "la Jean Har-low británica". Pero ella aspiraba a más, tenía talento y no estaba dispuesta a pasarse la vida interpretando un puñado de papeles de comparsa femenina como los que le habían dado en producciones de segunda fila hasta ese momento, de manera que en 1938 hizo algo realmente atrevido que muchas de sus compañeras de trabajo ni siquiera osaban pensar; decidió no renovar su contrato con Paramount y empezó a trabajar por libre. Era una maniobra ciertamente arriesgada considerando que las grandes compañías tenían controlado el negocio del cine en Estados Unidos, de forma que los independientes encontraban todo tipo de dificultades para desarrollar su trabajo al margen de los grandes estudios. Pero eso no impidió que esta británica con su país de origen al borde de la Segunda Guerra Mundial se buscara la vida en su tierra adoptiva al otro lado del Atlántico, y osara además cambiar la cabellera rubia falsa con la que la habían adornado hasta ese momento para retomar el color natural de su cabello y ganarse un puesto en el reparto de una película de William Wellman, En tinieblas, que le ganó el respaldo de la crítica como actriz que nunca habría conseguido en caso de seguir la disciplina de los grandes estudios, en ocasiones notablemente torpes a la hora de reconocer el talento de algunos de sus contratados. A partir de ese momento Lupino desarrolló su carrera a caballo entre el cine de serie B y las producciones de serie A. Se significó además como una de las actrices con más personalidad del Hollywood de la época, aspecto en el que se la comparaba con Bette Davis, rebelde habitual en el seno de la productora Warner Bros., con cuyos jetazos tuvo también Lupino sus más y sus menos cuando se negó a interpretar un papel que Davis había rechazado.
En 1948 creó junto con su segundo marido, el actor, director y productor Collier Young, la productora The Filmmakers. Dos años más tarde, cuando el realizador de Not Wanted sufrió un ataque al corazón, ella tomó el relevo de la realización, iniciando así una carrera que la llevaría a dirigir otras cuatro películas para su compañía, abordando asuntos y personajes que los grandes estudios no se atrevían a tocar, demostrando que una mujer podía rodar películas con la misma pericia que un hombre, incluso en géneros aparentemente masculinos, como la intriga, el cine negro o de acción, y dando comienzo a una sólida carrera como directora, que prolongó luego en la televisión a partir de 1956, siempre manteniendo esa doble función como actriz versátil y realizadora todoterreno que abordó también en la pequeña pantalla cualquier géneros o historia.
TRES BODAS Y UN HIJO_______________________
Junto a sus logros profesionales, la actriz llevó una intensa vida privada que la situó en los rumores de la prensa del corazón como compañera sentimental de una estrella masculina de serie B como fue Steve Cochran, una superestrella del cine de aventuras como Errol Flynn, un astro del humor como Jackie Coogan, el galán Paul Henreid, el millonario Howard Hughes, Buster Crabbe -quien fuera Flash Gordon, Buck Rogers y Tarzán-, y el también británico Cary Grant, entre otros.
Además se casó en tres ocasiones. La primera con el actor sudafricano Louis Hayward, que entre otros muchos papeles fue Simón Templar en El Santo en Nueva York (1938) o el rey Luis XIV en La máscara de hierro (1939). El matrimonio se celebró el 16 de noviembre de 1938 y se divorciaron el 11 de mayo de 1945.
El segundo matrimonio de la actriz tuvo también como coprotagonista a un guionista, el citado Collier Young, que además de interpretar el papel de peón en una de las películas más destacadas dirigidas por Lupino, El autoestopista, se dedicó a ser su compañero en la creación de la productora independiente que allanó el camino de la actriz como directora. Se casaron el 5 de agosto de 1948 y se divorciaron el 20 de octubre de 1951.
Su tercer matrimonio lo contrajo con un actor, Howard Duff, conocido posteriormente por sus personajes en televisión, como el teniente Blodgett de Pólice Storyo el sheriffTAus de la serie Flamingo Road. Se casaron el 21 de octubre de 1951 y se divorciaron en 1984, después de tener a la única hija de la actriz, Bridget Duff, nacida el 23 de abril de 1952, y que interpretó un pequeño papel en una de las películas protagonizadas por su madre, Prívate Hell 36, escrita por el anterior marido de esta, Collier Young, y coprotagonizada por uno de los amantes de Lupino, Steve Cochran, además de por su padre, Howard Duff. La dirigió Don Siegel y es una de las mejores interpretaciones de Lupino en el seno del cine negro. Bridget interpretó el papel de la hija del personaje encarnado por Dorothy Malone.
Ida Lupino enfermó de cáncer de colon y falleció víctima de un ataque al corazón.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Jose Ferrer

DESCENDIENTE DE CATALANES _
DESCENDIENTE DE CATALANES _
José Ferrer es reconocido sobre todo por el público más joven por su breve papel como el Emperador de la adaptación de la novela de Frank Herbert, Dune, que dirigió David Lynch en el año 1984. Sin embargo su larga trayectoria como actor abarca varias décadas de interesantes trabajos no sólo para el cine, sino también para la televisión, medio en el que volcó buena parte de su talento, y además, al menos en Estados Unidos, está reconocido como el mejor Cyrano de la historia del teatro, el cine y la televisión.
De manera que además de ser el tío de George Clooney y el padre del también actor Miguel Ferrer, José Ferrer ha sido una de las figuras más respetadas y prestigiosas de los actores hispanos en Estados Unidos, primero por su trabajo en el teatro y más tarde por sus apariciones ante las cámaras de la pantalla grande o pequeña.
Ferrer formaba parte de una familia de Puerto Rico con antecedentes catalanes, pero vivió en los Estados Unidos desde los tres años. Apodado Joe por los amigos y con un talento precoz para la música que le llevó a destacar como intérprete de piano cuando era niño y a trabajar como cantante en la Brooklyn Academy of Music y en la Beverly Hills Opera, este actor de 1 ,76 de altura destacó por ser capaz de escapar a todo tipo de encasillamiento a consecuencia de su origen étnico, algo nada fácil en el cuadriculado Hollywood. Buena prueba de ello es que en una de sus películas como protagonista, El infierno de los héroes, incluso interpretó el papel de un oficial de comandos británicos. Eso por no hablar de los dos papeles más reconocidos de su carrera, Toulouse Lautrec en Moulin Rouge y Cyrano de Bergerac, que casi le etiquetaron como "actor francés" en un Hollywood al que le encanta tener a sus estrellas bien ordenadas en compartimentos fácilmente reconocibles para el público.
Si hubiera que buscar un papel que contribuyera a definirlo para el público estadounidense, éste sería sin duda el de Cyrano de Bergerac, que interpretó en los escenarios en 1946 y 1953 y además encarnó en el cine en 1950, ganando el Oscar al mejor actor por su encarnación de ese personaje (fue el primer hispano que consiguió la estatuilla) al que también dio vida en la televisión primero en dos versiones que se emitieron en directo en 1949 y más tarde en 1955. Cyrano parecía habérsele pegado definitivamente, porque en la década de los sesenta volvieron a reclamarle para que lo interpretara en la producción francesa Cyrano y D'Artagnan, rodada en 1964. El poeta y espadachín de la nariz prominente le proporcionó además de la estatuilla de la Academia de Hollywood un premio Tony por su representación del papel sobre las tablas en 1947. La última ocasión en la que interpretó a Cyrano fue en una producción de dibujos animados de la cadena televisiva ABC que se rodó en 1974. No es extraño que además de hablar inglés y castellano acabara dominando también el francés.
Después de graduarse en la Universidad de Princeton en 1934, fue sobre las tablas donde consiguió sus primeros éxitos como intérprete, y el teatro fue siempre una pieza esencial de su carrera. Buena prueba de ello es que ganó tres premios Tony, algo así como el equivalente del Oscar para el teatro, el de su trabajo como Cyrano y los de otra obra que también había de dirigir e interpretar en el cine, The Shríke, en 1952, el mismo año en el que
recibió otro galardón por su labor como director en tres producciones teatrales representadas en Broadway, The Shríke, The Fourposter y Stalag 17, que posteriormente Billy Wilder trasladó al cine con William Holden como protagonista en una película que fue titulada en España Traidor en el infierno. En lo referido a dicho premio teatral volvería a ser nominado como autor del mejor libreto musical por Oh, Captain!, y también le nominaron por la obra Years Ago. Entró en la categoría de récords del galardón teatral por ser uno de los ocho actores que ha conseguido ganar el premio Tony y el Oscar interpretando el papel, acompañado en esa lista por Yul Brynner, que hizo lo propio con El rey y yo, Rex Harrison, que lo consiguió con My Fair Lady, Anne Bancroft, que se llevó ambos premios por El milagro de Anna Sullivan, Joel Grey por Cabaret, Paul Scofield por Un hombre para la eternidad, Shirley Booth por Vuelve pequeña Sheba, y Jack Albertson por Una historia de tres extraños.
En teatro se le reconoce otro récord destacado, haber participado en la obra de Shakespeare que ha alcanzado más representaciones en la historia de Broadway, Othello, en la que encarnó al enredador lago junto a un moro de Venecia interpretado por Paul Robeson en 1943.
Autor, director y actor destacado en el paisaje teatral estadounidense, fue fichado por el cine tras ocho años de éxitos en los escenarios, en primer lugar para aparecer junto a Ingrid Bergman en Juana de Arco encarnando al Delfín Carlos, interpretación por la que consiguió su primera nominación al Oscar en la categoría de mejor actor de reparto.
Conocedor de las exigencias de atractivo físico impuestas a los galanes para la pantalla grande, Ferrer sacó el máximo partido a su aspecto y a su formación teatral para construir ante las cámaras sólidos personajes que jugaban siempre la carta de sorpresa contracorriente en el adocenado paisaje de galanes masculinos que manejaba Hollywood. De ese modo edificó algunos de sus mejores papeles en su primera etapa en el cine, personajes como el déspota líder al que dio vida en Crisis, todo un retrato de los dictadores como aberración política, o el quisquilloso y antipático sacerdote que le hacía la vida imposible a la protagonista de La bella del Pacífico. De esa etapa su papel más elegante y simpático para el público fue el del abogado al que dio vida en El motín del Carne, midiéndose con un Humphrey Bogart en estado de gracia.
Además otros dos personajes llevados al límite le convirtieron en una especie de heredero del arte para la caracterización que había ejemplificado Lon Chaney padre: Cyrano de Bergerac y aún mejor su recreación del pintor francés Toulouse Lautrec para la película de John Huston Moulin Rouge, que superó a la recreación de Van Gog llevada a cabo por Kirk Douglas en El loco del pelo rojo, aunque no llegó el Oscar al mejor actor al que le habían nominado por la misma.
Como realizador destacó especialmente realizando Yo acuso, con la que hizo un retrato muy convincente del célebre caso Dreyfus interpretando además el papel principal de Alfred Dreyfus.
Entre los papeles que para los que estuvo seleccionado pero al final no llegó a interpretar, hay dos por los que sus sustitutos ganaron sendos premios Osgar: el escritor alcoholizado de Días sin huella, por el que llegó a competir con Cary Grant, pero que finalmente interpretó Ray Milland, ganando un Osgar por ese su mejor trabajo y el crítico teatral al que finalmente dio vida George Sanders en Eva al desnudo, que ganó el Oscar como mejor actor secundario. Además los productores de la versión televisiva de Batman en los sesenta le eligieron para dar vida al Joker, si bien finalmente ese papel fue encarnado por César Romero.
DOS MATRIMONIOS
En su vida privada destacan dos matrimonios, el primero con la actriz y profesora de interpretación Uta Hagen, con la que tuvo una hija, Leticia Thyra Ferrer, nacida en octubre de 1940. Posteriormente se casó con la cantante Rosemary Clooney (de ahí le viene lo de ser tío de George Clooney), con la que tuvo cinco hijos, Miguel Ferrer, nacido en 1955, que siguió sus pasos como actor y director, María Ferrer, en 1956, Gabriel Ferrer, que vino al mundo en 1957 Monsita Ferrer, nacida en 1958, y Rafael Ferrer, que nació en 1960 y como actor parece haberse especializado hasta el momento en poner voces a personajes de los videojuegos de Star Wars.
Él mismo definió su carrera con pocas palabras afirmando: "Lo cierto es que hice unas cuantas buenas películas en los años cincuenta, y luego me puse en caída libre".
La televisión le ofrecería la oportunidad de desarrollar algunos trabajos interesantes como estrella invitada, algunos casi a título de carneo, en algunas célebres series, como Embrujada, Audacia es el juego, Kojak, Colombo, Starsky y Hutch, Magnum, La isla de la fantasía, Hotel, Se ha escrito un crimen, Vacaciones en el mar, Matlock, Another World, Barrio Sésamo o las miniseries Incidente en el Atlántico y George Washington.

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FILMOGRAFIA DE JOSE FERRER